El hallazgo sería el tercer fósil intacto encontrado en subsuelo nacional. Este yace en San Vicente, Manabí. A Galo Rivadeneira, agricultor del sector La Unión, en San Vicente de Manabí, la construcción de un pozo le dio un giro a la historia de los terrenos de su hacienda. Allá por octubre de 2008 él, con el apoyo de jornaleros, halló a una profundidad de 10 metros restos óseos de lo que ahora se conoce como un mastodonte.
José Luis Román, paleontólogo quiteño, estuvo a cargo de recoger muestras del fósil y determinar su especie y su antigüedad
Para ver de cerca los fósiles hay que pasar por Bahía de Caráquez para tomar una gabarra y cruzar la entrada del océano Pacífico. Luego de un sinuoso y polvoriento camino se llega a una especie de valle repleto de árboles grandes, sonidos de aves y abundante vegetación.
Allí, maquinarias pertenecientes a la Prefectura de Manabí realizaron una excavación en forma de pirámide invertida. Son 30 metros cúbicos los que fueron removidos para que dos arqueólogos y un ayudante extrajeran lentamente la osamenta del mamífero milenario. “Tratamos de mantener en reserva este trabajo, pues enseguida se empieza a especular”, sostiene Daysi León, a cargo de la obra de ingeniería para la remoción del terreno de parte del INPC. (Instituto Nacional de Patrimonio Cultural)
Precisamente para tener certezas sobre el hallazgo, el pasado 18 de junio de 2009 el geólogo José Luis Sánchez y el biólogo especializado en paleontología José Luis Román acudieron al sitio para determinar datos técnicos del fósil.
Para ponerlo en términos científicos se trataba de un Stegomastodon waringi. JoseLuis Román, quien labora para la Escuela Politécnica Nacional de la capital, continúo su análisis sobre los restos del animal. La primera recomendación fue colocar consolidante (adhesivo usado para la restauración ósea) sobre los huesos una vez que se extrajeran del sitio donde están incrustados. “Con ello se evitará la degradación, porque en el sitio hay filtración de agua y los vuelve (los huesos) sensibles”, dice el experto.
La mandíbula fue el elemento que encontró Galo Rivadeneira cuando pretendía construir un pozo para los cultivos de su hacienda.
En el país, con el hallazgo de San Vicente, hay tres fósiles intactos. Uno en Quito, en el Museo de Ciencias Naturales (sitio en reciente remodelación); y el otro en la provincia de Santa Elena, en el museo de la Universidad Politécnica de Santa Elena (UPSE). La siguiente precisión a la que llegó Román es la edad del los restos. El experto dice que se calcula entre los 20.000 años. Esto lo dice en basado en los estratos geológicos (capas de tierra). No obstante, precisa que, “para conocer la edad más exacta, se deben realizar estudios de Radioisótopos (análisis químicos) en los fósiles”.
Los técnicos y trabajadores removieron 30 metros cúbicos de tierra en forma piramidal para extraer el esqueleto del fósil.
Estos y posteriores estudios permitirán determinar otros aspectos “acerca de los organismos que vivieron en épocas pasadas en esta parte del planeta, su forma de vida y las condiciones climáticas de los lugares en los que vivieron, es decir los paleoambientes, y compararlos con los actuales”, agrega el biólogo quiteño.
Luego de retirar los huesos del subsuelo los procesos que se desarrollarán son análisis anatómicos, morfológicos y tafonómicos.También se advierte que los restos que aún quedan por extraer del subsuelo no deben tener contacto más que con expertos, de lo contrario se pondrían en peligro las osamentas y, con ello, la veracidad de datos.
Hasta entonces las investigaciones sobre el Stegomastodon waringi siguen.
Hasta entonces las investigaciones sobre el Stegomastodon waringi siguen.
Fuente: telegrafo.com.ec
