jueves 30 de octubre de 2008

Paleorecortables: Nigersaurus para armar.

Por fín está aquí. Después de una pausa bastante larga me alegra retomar el diseño de los dinosaurios recortables. Tarea un tanto compleja, pero siempre gratificante. Para empezar, debemos contar con los materiales adecuados, en este caso particular necesitaremos: Las impresiones con los planos del dinosaurio, tijeras, cuchillas, goma en barra, pegamento líquido, una regla, cartón, rotulador negro y un palillo delgado.


La base del diorama será la primera en ser recortada. Pues ésta será clave para la ubicación del resto de piezas. Una vez hecho esto, uniremos las dos mitades que forman las extremidades y doblaremos las lengüetas debajo de cada pata. Luego, recortaremos y armaremos la palmera, el cartelito con el título del diorama y la caricatura de Mr. Sereno. En este punto es necesario revisar que la pestaña lateral de la caricatura se inserte entre las dos mitades del cartelito como indica la fotografía. Armadas estas piezas las ubicaremos a través de la base por medio de las ranuras que hagamos en la impresión con una cuchilla. Del otro lado del dibujo, estas pestañas pueden desplegarse y fijarse con pegamento en barra. Para finalizar la base la pegaremos sobre un cartón grueso

Es momento de recortar y unir las mitades correspondientes al cuerpo, cuello y cola. Cada pieza debe unirse con cuidado, tratando de eliminar o pintar con el rotulador negro los bordes sobrantes. Asimismo, no debemos pegar los extremos del cuello porque aún no está construida la cabeza del dinosaurio. En el centro de la pieza del cuerpo existen dos líneas de corte por las que pasará un eje central y que deben cortarse con la cuchilla. Realizado esto, Uniremos el eje a las extremidades con la ayuda del pegamento líquido y el palillo. Como habrán notado en las instrucciones, las líneas rojas representan cortes; las azules, dobleces.


Luego. recortaremos y doblaremos la cabeza del dino como indica el dibujo. La pieza correspondiente a la mandíbula se insertará en la cabeza por medio de un pequeño corte mientras fijamos todo con una gota del pegamento líquido. Finalmente, uniremos el extremo posterior de la cabeza entre las dos mitades del cuello, y listo, tendremos tanto al saurópodo Nigersarus taqueti como a su descubridor representados en este sencillo mini-diorama. ¡Qué lo disfruten!



domingo 19 de octubre de 2008

Daeodon shoshonensis, paso a paso



Es probable que ya hayan visto esta imagen anteriormente. Sólo quería anunciar que ya está publicado ¿El cómo se hizo? de esta reconstrucción en la edición de este mes de Fósil Cl. Un gran saludo a todos sus lectores y a quienes día a día realizan esta revista.

jueves 16 de octubre de 2008

Como el ruido del trueno



¿Es una historia de Ray Bradbury, verdad?
Nooo, aquí en la caja no dice. Exclamó el vendedor de DVDs piratas un poco desconcertado.

Después de todo, no era obligación del poco informado hombre saberse la trama de todas las películas que vendía y mucho menos conocer de memoria el nombre del autor del cuento en el que se basaba el filme que yo estaba a punto de comprar. En fín, me hice el loco, compré la película y me dispuse a recorrer el largo camino a casa.

Me gustan los libros de Bradbury desde pequeño. Su narrativa carece de los detalles técnicos de las historias de Isaac Asimov o Arthur C. Clarke , y aún así, es capaz de mantener al lector sumido en una inquietud indescriptible. Relatos como “Fahrenheit 451” o Crónicas marcianas me enseñaron que el futuro no era precisamente un paraíso de bondadosa fantasía.

Y ¨El ruido del trueno" ( A sound of thunder) es uno de sus pocos relatos cortos dedicado por completo a los dinosaurios. Los métodos para realizar el viaje en el tiempo no son los importantes, sino las consecuencias de manejar a la ligereza tal poder, en donde el resultado de aquel nefasto “efecto mariposa” no puede ser peor.

Si bien esta versión de “El ruido del trueno” abusa del gastado cliché de ¡Corre que te come el dinosaurio! Existen otros de sus cuentos que se han convertido en verdaderos clásicos, como "La sirena de la niebla” ( The Foghorn) que sirvió de base para el argumento de “El monstruo de tiempos remotos¨ (The Beast of 20000 fathoms,1953).

Finalmente, creo que ahora que Norteamérica se encuentra a días de su próxima elección presidencial, éste cuento no puede ser más apropiado.

¡Hasta la próxima!

domingo 12 de octubre de 2008

Crónicas de viaje: Neuquén y sus alrededores. Parte I






Buenos Aires
hasta el Museo de la Plata fue relativamente sencillo, pues bastaba con apenas dos horas de viaje en tren. Sin embargo, llegar hasta la ciudad de Neuquén fue otro cantar, pues el autobús, que había salido desde la estación del Retiro en la ciudad capital, arribó a mi destino tan sólo transcurridas casi 20 horas de viaje.

Neuquén es una de las más importantes ciudades del interior del país y tiene cierta semejanza a como lucía la ciudad de Quito en los años 80. A pesar de esto, Neuquén no sería el objetivo principal de mi visita, sino al contrario, pues la ciudad se convertiría en una especie de “campamento base” mientras que yo me dedicaba a conocer a algunos pueblitos cercanos que conservaban sus propios tesoros paleontológicos.

Los Gigantes de Plaza Huincul

Mi viaje sólo pudo continuar una vez pasado un día entero de obligatorio descanso.

“Busco dinosaurios” fue lo que único que acerté responderle a la encargada del hotel cuando me preguntó por el porqué de tan largo viaje. ¿ Dinosaurios? Eso es fácil, si quiere yo lo pongo en contacto con un amigo que hace visitas guiadas por los alrededores” me contestó gentilmente ella. Yo, un poco desconfiado, rechacé la oferta y me encaminé a la estación de buses de la ciudad a unas pocas cuadras de allí. Con el tiempo me daría cuenta cuan equivocado había estado al tomar tal decisión.

Comprar el boleto de autobús a Plaza Huincul no presentó ningún inconveniente, pues bastaba con leer atentamente las rutas planificadas para cada compañía de transporte. Mientras subía mis maletas al compartimento de equipaje del autobús me pregunté si en verdad estaba seguro de lo que estaba haciendo, pero simplemente ya era muy tarde para ese tipo de cuestionamientos.

El autobús se internó por kilómetros y kilómetros de desolada pampa. Y durante casi dos horas el paisaje argentino permaneció inmutable, plano y casi sin interrupciones. El conductor había prometido que me avisaría en cuanto llegáramos, y así lo hizo, cuando se estacionó en la calle principal de un pueblito donde, de pronto, me encontré cara a cara con el Museo Municipal “ Carmen Funes”.


Este museo debe su fama no sólo al hecho de que aquí es donde trabaja Rodolfo Coria, que se encontraba de viaje en aquel momento, sino a que también es “hogar” de una de las reconstrucciones más llamativas realizadas de los dinosaurios que poblaron la Argentina: En actitud de acecho, el enorme terópodo Giganotosaurus vigila al Argentinosaurus huinculensis, uno de los saúropodos más grandes encontrados hasta esa fecha.

Cada replica fue realizada en resina plástica por un equipo de artesanos al mando del escultor Alejandro Gérez, quien dirigido a su vez por Coria, dio forma a los restos del saurópodo basándose en otros fósiles de titanosaurios más completos. La réplica del Giganotosaurus, al contrario, había sido reconstruida a partir de fósiles muchísimo más completos. Este detalle hacía que el precio final del terópodo fuese mayor que el del Argentinosaurio, a pesar de su diferencia de tamaño.

Una vez dentro, empecé a bocetar tranquilamente cada uno de los esqueletos y a tomar algunas fotografías. Mientras trabajaba, tuve la oportunidad de conversar un poco con algunos de los empleados del museo que se mostraron muy amables en todo momento.

Entre algunas de las anécdotas reveladas aquella mañana estaba aquella en la que Geréz había pintado el mural de los nidales de saurópodos a un costado del museo, la escena incluía a varios titanosaurios adultos ayudando a sus “ polluelos” a salir de sus huevos. Pero el hecho es que cada cría era tan grande como un elefante bebé! Gérez recordaba con jocosidad la cara que puso Coria cuando vio el mural terminado. Toda la evidencia fósil indica que los saurópodos bebés eran increíblemente pequeños al lado de sus progenitores. Así que ni modo, hubo que cubrir nuevamente con pintura a cada cría y pintarla con el tamaño que debía tener. Gajes del oficio.

Hasta donde pude ver, el museo de Plaza Huincul tenía su propio taller de réplicas en resina. Y era gracias a esta nueva técnica que el museo había logrado sacar una copia del todavía semienterrado esqueleto del Aucasaurus garridoi, de algunos pequeños ornitópodos y de una impresionante escena de casa protagonizada por un par de Unenlagias “ raptoriformes” exhibidos también en la muestra. Y claro, no pude evitar hacerme de esta réplica de un diente de Giganotosaurio en la tienda de recuerdos. Si miran con atención, observarán el filo del diente aserrado propio de los Carcaradontosaúridos. Y si quieren pueden conocer más de esta visita en esta nueva galería de Flickr.

Luego de casi cuatro horas, abandoné el museo y me dirigí a pie hacia el pueblito vecino de Cutral-Có en búsqueda de alojamiento. Una vez en el hotel me acosté sin siquiera imaginar lo que me esperaba al día siguiente.

Próxima crónica: ¿Disculpe, es aquí el lago “Los Barreales”?