Neuquén es una de las más importantes ciudades del interior del país y tiene cierta semejanza a como lucía la ciudad de Quito en los años 80. A pesar de esto, Neuquén no sería el objetivo principal de mi visita, sino al contrario, pues la ciudad se convertiría en una especie de “campamento base” mientras que yo me dedicaba a conocer a algunos pueblitos cercanos que conservaban sus propios tesoros paleontológicos.
Los Gigantes de Plaza Huincul
Mi viaje sólo pudo continuar una vez pasado un día entero de obligatorio descanso.
“Busco dinosaurios” fue lo que único que acerté responderle a la encargada del hotel cuando me preguntó por el porqué de tan largo viaje. ¿ Dinosaurios? Eso es fácil, si quiere yo lo pongo en contacto con un amigo que hace visitas guiadas por los alrededores” me contestó gentilmente ella. Yo, un poco desconfiado, rechacé la oferta y me encaminé a la estación de buses de la ciudad a unas pocas cuadras de allí. Con el tiempo me daría cuenta cuan equivocado había estado al tomar tal decisión.

Comprar el boleto de autobús a Plaza Huincul no presentó ningún inconveniente, pues bastaba con leer atentamente las rutas planificadas para cada compañía de transporte. Mientras subía mis maletas al compartimento de equipaje del autobús me pregunté si en verdad estaba seguro de lo que estaba haciendo, pero simplemente ya era muy tarde para ese tipo de cuestionamientos.

El autobús se internó por kilómetros y kilómetros de desolada pampa. Y durante casi dos horas el paisaje argentino permaneció inmutable, plano y casi sin interrupciones. El conductor había prometido que me avisaría en cuanto llegáramos, y así lo hizo, cuando se estacionó en la calle principal de un pueblito donde, de pronto, me encontré cara a cara con el Museo Municipal “ Carmen Funes”.

Este museo debe su fama no sólo al hecho de que aquí es donde trabaja Rodolfo Coria, que se encontraba de viaje en aquel momento, sino a que también es “hogar” de una de las reconstrucciones más llamativas realizadas de los dinosaurios que poblaron la Argentina: En actitud de acecho, el enorme terópodo Giganotosaurus vigila al Argentinosaurus huinculensis, uno de los saúropodos más grandes encontrados hasta esa fecha.
Cada replica fue realizada en resina plástica por un equipo de artesanos al mando del escultor Alejandro Gérez, quien dirigido a su vez por Coria, dio forma a los restos del saurópodo basándose en otros fósiles de titanosaurios más completos. La réplica del Giganotosaurus, al contrario, había sido reconstruida a partir de fósiles muchísimo más completos. Este detalle hacía que el precio final del terópodo fuese mayor que el del Argentinosaurio, a pesar de su diferencia de tamaño.

Una vez dentro, empecé a bocetar tranquilamente cada uno de los esqueletos y a tomar algunas fotografías. Mientras trabajaba, tuve la oportunidad de conversar un poco con algunos de los empleados del museo que se mostraron muy amables en todo momento.
Entre algunas de las anécdotas reveladas aquella mañana estaba aquella en la que Geréz había pintado el mural de los nidales de saurópodos a un costado del museo, la escena incluía a varios titanosaurios adultos ayudando a sus “ polluelos” a salir de sus huevos. Pero el hecho es que cada cría era tan grande como un elefante bebé! Gérez recordaba con jocosidad la cara que puso Coria cuando vio el mural terminado. Toda la evidencia fósil indica que los saurópodos bebés eran increíblemente pequeños al lado de sus progenitores. Así que ni modo, hubo que cubrir nuevamente con pintura a cada cría y pintarla con el tamaño que debía tener. Gajes del oficio.

Hasta donde pude ver, el museo de Plaza Huincul tenía su propio taller de réplicas en resina. Y era gracias a esta nueva técnica que el museo había logrado sacar una copia del todavía semienterrado esqueleto del Aucasaurus garridoi, de algunos pequeños ornitópodos y de una impresionante escena de casa protagonizada por un par de Unenlagias “ raptoriformes” exhibidos también en la muestra. Y claro, no pude evitar hacerme de esta réplica de un diente de Giganotosaurio en la tienda de recuerdos. Si miran con atención, observarán el filo del diente aserrado propio de los Carcaradontosaúridos. Y si quieren pueden conocer más de esta visita en esta nueva galería de Flickr.
Luego de casi cuatro horas, abandoné el museo y me dirigí a pie hacia el pueblito vecino de Cutral-Có en búsqueda de alojamiento. Una vez en el hotel me acosté sin siquiera imaginar lo que me esperaba al día siguiente.
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